El tiempo no perdona, no se detiene a esperar a nadie, hoy se cumple un mes de que José Guadalupe Díaz Martínez dejara este mundo terrenal que tanto amo, el mismo donde escribió la mejor de sus historias y no precisamente su columna “Desde la Capital” un mes para quienes lo conocimos y tuvimos la fortuna de contar con su amistad sentimos un vacío, un dolor muy grande ante la noticia de su partida, a él le debo mucho de lo que aprendí en este mundo del periodismo, recuerdo como si hubiera sido ayer, cuando fui a su oficina en El Grafico.
Llena de temor por lo que había escuchado, que era un hombre muy exigente con sus empleados, me tope con un hombre culto, sabio y bromista que me dijo..”Te voy a contratar, pero prométeme que no me vas a demandar, porque todos los que trabajan conmigo, una vez que se van me demandan y pues me ganan, bueno hasta mi hermana Mary una vez alboroto a los empleados, nomás imagínate” luego de ese comentario ambos reímos y me di darme cuenta que ese hombre era puro corazón, así mismo me jure que le aprendería todo lo que se pudiera, iniciando así mi paso por El Grafico, periódico que fue escuela para muchos incluso para mí.
No era común coincidir con Don Lupe en las oficinas, ya que mi trato era con su hijo Anwar Díaz Hernández así como con Héctor Vanoye encargados de redacción, de vez en cuando me llamaban a su oficina para que hiciera alguna entrevista de los políticos y personajes que desfilaban por este periódico en alguna visita de cortesía al director general, ahí podía darme cuenta de cómo entre platica y una que otra broma les sacaba toda la información como no queriendo, así era mi jefe.
Por cuestiones laborales me despedí de El Gráfico, perdiendo contacto con la familia Diaz durante mucho tiempo, años más tarde un buen día por mensaje de wathsapp me llego la columna “Desde la Capital” con los atentos saludos de J. Guadalupe Díaz Mtz. esto fue motivo de alegría para mí ya que a través de su columna me enteraba de los aconteceres de Tamaulipas, era fan de sus comentarios en Facebook donde también éramos amigos y me engolosinaba leer sus opiniones sobre este loco mundo de la política así como sus felicitaciones cuando sus seres amados cumplían años o cuando posteaba una de mis publicaciones.
Durante un tiempo y por cuestiones que desconozco dejo de escribir su columna, pero seguíamos saludándonos por wathsapp o por Facebook, así que en una ocasión que estuvo de visita en Ciudad Victoria me invito a comer, fue en Don Elías el restaurante de la china, donde mi jefe y yo platicamos horas de una y mil cosas, fue ahí donde me dijo; “No se que me pasa, pero no puedo escribir mi columna, me siento, abro mi computadora, pongo el titulo y se me van las ideas, no tengo las palabras para redactar mi columna” mi cara de preocupación fue tal que le confese, que al igual que yo muchos de sus lectores esperábamos su columna, por lo que tenía la obligación de volver a escribir.
Con el tiempo me di cuenta que mi jefe y yo teniamos una amistad, una camaradería como la que tenia con otros varones, con la diferencia que yo soy mujer y me encantaba convivir con él, escucharlo hablar de sus hijos, de su amada Adriana, así como platicar de como estaban las cosas en ciudad Victoria, el pretexto perfecto para reuinirnos eran los cumpleaños de cada uno de nosotros, la idea era ir a comer y posteriormente tomar café con pastel, lo mismo hablábamos de política que de ajedrez, deportes o de nuestras mascotas, eran tardes salpicadas de anécdotas y risas por épocas ya pasadas.
Todos los días era costumbre abrir mi wathsapp y ahí estaba su saludo y la columna “Desde la Capital” digamos que me mal acostumbre a leerla, la ultima vez que la recibí fue el jueves 18 de julio, ese día el titulo era “La gran oportunidad de Américo” así mismo hablaba del embargo al edificio del PRI, mencionaba la sucesión de Gerardo Illoldi Reyes a Olga Sosa Ruíz en la Secretaria del Trabajo y cerraba con la pregunta de ¿Qué clase de cadáver tiene Oscar Almaraz en su closet que le hace temblar las corvas por segunda oportunidad? Esa fue la última columna que leí de mi jefe a quien la vida le jugo chueco y lo tumbo en cama, durante varios días Lupe Diaz estuvo en las oraciones de muchas personas que pedían fervorosamente por su salud.
Mi jefe ya no salió del hospital, ya no escribió su columna, ni me envió más saludos o me pregunto cuando coincidíamos para ir a comer, quedo pendiente ir a echarnos una cerveza a la oficina del 20 Morelos con el buen Fernando, quedo pendiente el proyecto de trabajo que teníamos juntos para hacer en Ciudad Victoria, quedaron pendientes muchas charlas, interminables tazas de café y seguir escuchando sus anécdotas de cuando el periodismo era respetado y valorado por políticos, empresarios, artistas y todologos…No hizo falta buscar una foto para publicar en el Facebook y constatar mi amistad con él, porque fue real y es de las cosas que le agradezco a la vida, tener la amistad de Don Guadalupe Díaz Martínez, para mi…¡Mi jefe!
Hoy fui a misa donde salude a su familia y pude despedirme de sus cenizas, las que cargaba amorosamente su hija Blanca, ahí estaban Anwar, Iram, sus nueras y su amada Adriana, hoy hace un mes que Dios decidio llevarlo a su lado porque seguramente necesitaba quien le hablara de como esta Tamaulipas en estos últimos años…Hasta aquí hoy mi comentario, palabras que me salen del corazón y que escribo con todo el respeto que se merece la familia Díaz, agradezco su atención a este espacio y su tiempo para leer mi columna que hoy comparto con ustedes y que como siempre hago suya.