Desde Tula, Hidalgo, la presidenta Claudia Sheinbaum envió un mensaje claro este 4 de enero: el modelo energético de México ha cambiado de raíz. Lo que antes conocíamos como «empresas productivas del Estado» ahora son, por ley, auténticas empresas públicas. Según Sheinbaum, este no es solo un cambio de nombre, sino un «punto de inflexión» para que Pemex y la CFE recuperen el control total que perdieron durante años.
La mandataria explicó que a partir de 2025 se pusieron en marcha reformas para que Pemex se reintegre verticalmente. ¿Qué significa esto en la práctica? Que ahora hay un solo Consejo de Administración para todas sus subsidiarias, buscando eliminar la fragmentación que, según la presidenta, fomentaba la corrupción y bajaba la eficiencia. “Esta integración vertical le permite mayor productividad, mayor control, mayor desarrollo, menos corrupción y poder recuperar de nuevo la capacidad que tenía Pemex”, destacó durante su discurso.
Sheinbaum fue muy crítica con el pasado, recordando que desde 1992 y con la reforma de 2013 se intentó privatizar el sector. Señaló que, a pesar de las promesas de las rondas petroleras, “tampoco produjeron los privados”, lo que provocó una caída en la producción y un endeudamiento histórico de 100 mil millones de dólares para Pemex.
Con la reciente modificación al Artículo 28 constitucional, se eliminó el concepto de «empresas productivas» que las obligaba a competir bajo reglas de mercado privado. Ahora, al ser denominadas «empresas del pueblo de México y de la nación», el Estado retoma la batuta. El objetivo final, según Sheinbaum, es garantizar que el país produzca su propia energía y petróleo sin las ataduras de los modelos neoliberales que casi llevan al cierre de nuestras refinerías.




