El clima político en Estados Unidos ha alcanzado un nivel de tensión máxima tras la muerte de Renee Good, una mujer de Minnesota que perdió la vida a manos de un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). El incidente, ocurrido mientras Good conducía su camioneta tras dejar a su hijo de seis años en la escuela, ha desatado una ola de protestas nacionales y una batalla frontal en el Congreso.
En el Capitolio, las posturas no podrían estar más divididas. Mientras los demócratas y algunos republicanos exigen justicia y cambios profundos en las políticas de redadas, la administración de Donald Trump mantiene una narrativa de defensa hacia el agente involucrado.
El líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, fue tajante al respecto: “La situación que tuvo lugar en Minnesota es una completa y total desgracia”, afirmó, asegurando que los próximos días serán clave para definir una “respuesta fuerte, contundente y apropiada por parte de los demócratas de la Cámara”.
Las exigencias van desde investigaciones exhaustivas hasta medidas drásticas como la desfinanciación de operativos del ICE y el juicio político a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Por su parte, el vicepresidente JD Vance generó controversia al calificar el suceso como “una tragedia provocada por ella misma”, argumentando que el agente pudo haber estado “sensible” por incidentes previos.
Sin embargo, para legisladores como la senadora republicana Lisa Murkowski, la evidencia visual es innegable. “Los videos que vi de Minneapolis ayer son profundamente perturbadores”, declaró en un comunicado donde exigió una investigación objetiva, subrayando que esta situación “fue devastadora y no puede volver a suceder”.
Con este caso, ya suman al menos cinco muertes conocidas desde el inicio de la campaña de deportación masiva, lo que ha convertido el asesinato de Good en un posible catalizador para cambiar la dinámica política en el país.




