El círculo íntimo del chavismo parece estarse resquebrajando desde adentro. Una revelación explosiva del diario británico The Guardian ha puesto a Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada de Venezuela, en el ojo del huracán. Según cuatro fuentes distintas, la mujer que durante años fue la mano derecha de Nicolás Maduro habría garantizado su cooperación al gobierno de Donald Trump tras la caída del mandatario.
Esta trama de espionaje y conveniencia política sugiere que, mientras el mundo miraba la superficie del conflicto, los cimientos del poder en Caracas se negociaban en las sombras.
Los hermanos Rodríguez y el pacto de silencio en enero
La investigación detalla que ni Delcy ni su hermano Jorge participaron directamente en la sorpresiva captura y secuestro de Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero. Sin embargo, su inacción no habría sido casual. Las fuentes aseguran que, a través de intermediarios y con la mediación de representantes del Gobierno de Catar, los Rodríguez habían asegurado a Washington que, una vez ejecutada la operación, ellos serían la pieza clave para la transición.
Esta «colaboración con el resultado» comenzó a gestarse mucho antes, intensificándose tras una llamada fallida entre Trump y Maduro en noviembre, donde el líder chavista se negó a abandonar el poder voluntariamente.
Marco Rubio y el factor petróleo: por qué EE. UU. confió en Delcy
El cambio de postura en Washington fue notable. El secretario de Estado, Marco Rubio, inicialmente escéptico sobre pactar con figuras del chavismo, terminó por ver en Delcy la «alternativa menos mala» para evitar el caos absoluto en Venezuela.
¿Qué convenció a Rubio? Además de sus ambiciones personales —ya señaladas por el Miami Herald en octubre—, fue su fluida relación con el sector petrolero estadounidense. Los grandes jugadores del crudo veían en ella a una interlocutora pragmática capaz de estabilizar la industria en una era post-Maduro.
Champagne y ping-pong: el perfil de una aliada inesperada
Más allá de la política dura, The Guardian describe un perfil humano de Delcy Rodríguez que pocos conocían. La retratan como una mujer de «rarezas encantadoras», capaz de seducir a sus interlocutores con aficiones particulares: desde su pasión por el champán hasta su disciplina con el ping-pong, deporte para el cual cuenta con un entrenador personal.
Estas características, sumadas a su habilidad para retar a mandatarios extranjeros a juegos de ingenio, habrían sido herramientas clave para ganarse la confianza de sus contactos en el exterior. Hoy, con Maduro fuera del mapa, queda la pregunta en el aire: ¿Fue u




