La persecución de uno de los hombres más buscados del planeta ha terminado en la Ciudad de México. Ryan Wedding, el exsnowboarder olímpico canadiense que alguna vez representó a su país en Salt Lake City, fue trasladado este viernes a Estados Unidos para enfrentar cargos que lo pintan como un «Pablo Escobar moderno».
Wedding no solo era un fugitivo; según el FBI, dirigía una red transnacional capaz de mover 1,000 millones de dólares al año en cocaína, operando bajo la sombra y protección del Cártel de Sinaloa.
▪️La rendición en la embajada y el despliegue binacional
A diferencia de las capturas cinematográficas, el final de Wedding en México tuvo un matiz diplomático. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, confirmó que el canadiense se entregó voluntariamente el jueves por la noche en la Embajada de EE. UU. en la capital mexicana.
»El Director del FBI partió hoy rumbo a los Estados Unidos, llevando consigo a dos objetivos prioritarios: una persona no estadounidense detenida por autoridades mexicanas… y un ciudadano canadiense que se entregó voluntariamente ayer», informó Harfuch, destacando la cooperación con la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
▪️Una vida de lujos, sangre y medallas misteriosas
Mientras Wedding huía de la justicia, se rodeaba de una opulencia casi irreal. Las autoridades mexicanas y estadounidenses han incautado bienes que parecen sacados de una subasta de coleccionistas:
✔️El auto de los 13 millones: Un exclusivo Mercedes CLK-GTR de 2002.
✔️Motos de competición: Valuadas en 40 millones de dólares.
El misterio olímpico: Dos medallas de oro reales fueron halladas en sus propiedades, un detalle irónico considerando que Wedding nunca ganó una presea en su carrera deportiva.
Pero detrás del lujo había una estela de violencia. Se le acusa de orquestar el asesinato de un testigo federal en Medellín, Colombia, tras supuestamente pagar 7,000 dólares para filtrar fotos de la víctima en sitios web de chismes para localizarlo.
▪️»Limpieza» en la lista de los más buscados
La operación no solo terminó con Wedding. En el mismo despliegue, fue enviado a EE. UU. Alejandro Rosales Castillo, otro de los 10 más buscados por el FBI, quien se escondía en México desde hace una década tras el asesinato de su exnovia en Carolina del Norte.
Con estas capturas, las autoridades estadounidenses, encabezadas por la Fiscal General Pam Bondi, envían un mensaje de «ley y orden» reforzado por la alianza estratégica con el Gobierno de México. El exatleta que alguna vez buscó la gloria en el eslalon, ahora enfrenta una cadena perpetua en una celda estadounidense.




