¿Qué pesa más: la familia que te crió o la sangre que corre por tus venas? Esta fue la pregunta que durante más de una década mantuvo en vilo a los tribunales mexicanos. Todo comenzó en 2014, cuando un hombre reclamó la paternidad de un niño de cuatro años que ya tenía un padre legal y una vida establecida.
Hoy, ese niño es un adolescente de 16 años, y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha dictado una sentencia definitiva: el joven tiene el derecho inalienable de conocer su identidad biológica antes de cumplir la mayoría de edad.
▪️Un dilema entre el corazón y el ADN
En las primeras etapas del juicio, los jueces intentaron proteger la estabilidad emocional del menor. Aunque confirmaron que el demandante era el padre biológico, decidieron que el niño no debía saberlo para no romper los vínculos afectivos con quien lo había criado como su verdadero padre. Incluso se prohibió tocar el tema.
Sin embargo, el caso escaló hasta el máximo tribunal bajo la ponencia de la ministra Loretta Ortiz Ahlf, quien logró la aprobación unánime de un proyecto que pone el derecho a la identidad en el centro de la discusión. La Corte determinó que ocultar la verdad no es proteger, sino limitar un derecho fundamental.
▪️La verdad, pero con guía profesional
La resolución no es un simple «contar por contar». La Corte fue sumamente cuidadosa en las formas, estableciendo una hoja de ruta para proteger la salud mental del joven:
El encargado de hablar: Será el padre legal (quien lo crió) el responsable de comunicarle la noticia.
Acompañamiento experto: El tribunal insistió en que esta revelación debe hacerse junto a especialistas en salud mental.
Protección integral: Se deben resguardar sus relaciones familiares actuales y su estabilidad social para que el impacto sea lo menos doloroso posible.
▪️Un precedente histórico para la juventud mexicana
Aunque la ministra Ortiz aclaró que esta sentencia se enfoca en este caso específico, el mensaje para el sistema judicial es potente: la verdad biológica no puede ocultarse indefinidamente. A solo dos años de convertirse en adulto, este joven finalmente tendrá las piezas que le faltaban para armar el rompecabezas de su vida. Este fallo reconoce que, sin importar cuánto amor exista en una crianza, todo individuo tiene el derecho de saber de dónde viene para decidir hacia dónde va.




