Lo que para muchos podría parecer una escena de comedia, en ciudades como Bad Friedrichshall, Alemania, es un entrenamiento tomado con total seriedad. El Hobby Dogging ha pasado de ser un experimento social a convertirse en una disciplina con clubes organizados donde el protagonista es un perro que no existe.
▪️¿En qué consiste el Hobby Dogging?
A diferencia de los Therians, que se identifican como animales, los practicantes de Hobby Dogging actúan como dueños responsables de un animal invisible. Utilizan correas y arneses rígidos diseñados para simular la tensión y el peso de un perro real.
▪️Las rutinas incluyen:
Comandos de voz: Los dueños gritan órdenes como «¡Sitz!» (siéntate) o «¡Hier!» (aquí) al vacío.
Circuitos de Agility: Los participantes corren y guían a su «mascota» a través de túneles y vallas invisibles.
Refuerzo positivo: Se premia al aire con caricias y «premios» imaginarios tras completar un ejercicio.
La mente detrás del movimiento: Barbara Gerlinger
La entrenadora canina Barbara Gerlinger impulsó esta práctica con una premisa clara: «Entrenar al humano para luego entender al perro». Según Gerlinger, la mayoría de los errores en la educación canina provienen de una mala postura corporal o un tono de voz inadecuado del dueño. Practicar con un perro invisible elimina la distracción del animal real y permite al humano perfeccionar su técnica.
▪️¿Por qué alguien pagaría por pasear aire?
Aunque las críticas en redes sociales son feroces, los participantes defienden la actividad por tres razones principales:
Técnica Pura: Permite aprender a manejar la correa sin lastimar el cuello de un perro real por tirones accidentales.
Cero Responsabilidades: Se disfruta de la rutina de caminata y disciplina sin los costos de veterinario, alimentación o la limpieza de desechos.
Salud Mental: Funciona como un apoyo terapéutico para personas que sufren de soledad, ansiedad o que desean superar una fobia a los perros (cinofobia).






