Mientras el desarrollo de la inteligencia artificial avanza a pasos agigantados, Texas ha decidido no quedarse de brazos cruzados. A partir de este 1 de enero de 2026, entra en vigor la Ley de Gobernanza Responsable de Inteligencia Artificial de Texas (TRAIGA). Esta legislación, firmada por el gobernador Greg Abbott, busca un equilibrio delicado: fomentar la innovación sin descuidar los derechos de los ciudadanos ni la seguridad pública.
Con este paso, Texas se posiciona como el segundo estado en la unión, después de Colorado, en implementar una regulación integral de este tipo, tomando la iniciativa ante la falta de una normativa federal clara.
Lo que queda estrictamente prohibido
La ley TRAIGA no es solo un marco de sugerencias; establece límites muy claros. Queda prohibido el uso de IA para manipular el comportamiento de las personas o para que el gobierno asigne «puntuaciones sociales». Además, se pone un freno en seco a la captura de datos biométricos sin consentimiento y a cualquier forma de discriminación ilegal.
En el ámbito penal, la normativa es tajante contra la generación de pornografía infantil y la creación de contenido deepfake que viole el código penal del estado. Por su parte, las agencias gubernamentales tienen prohibido usar esta tecnología para identificar personas mediante biometría sin permiso o para calificar a los ciudadanos basándose en sus características personales.
Transparencia y reglas para la salud
Si interactúas con una IA en Texas, ahora deberás saberlo. La ley exige una «divulgación clara y visible en lenguaje sencillo» antes o durante la interacción. Se acabaron los famosos “dark patterns” o patrones engañosos que buscan manipular las decisiones de los usuarios.
En el sector salud, la vigilancia es doble. Los médicos que se apoyen en IA para diagnósticos o tratamientos están obligados a revisar personalmente todos los registros, asegurándose de que cumplan con los estándares de la Junta Médica de Texas.
Un espacio para innovar: El «Sandbox» y el nuevo Consejo
Texas sabe que la tecnología corre rápido, por lo que ha creado un “sandbox regulatorio”. Este espacio permite a los desarrolladores probar sus sistemas por un tiempo limitado (hasta 36 meses) sin necesidad de licencias estatales inmediatas, siempre bajo la supervisión del Departamento de Recursos de Información.
Para vigilar que todo marche bien, se ha instalado el Consejo de Inteligencia Artificial de Texas. Este grupo de siete expertos no solo buscará mejoras legislativas, sino que vigilará que las grandes tecnológicas no ejerzan una influencia indebida que termine afectando a los pequeños innovadores.
Finalmente, el Fiscal General de Texas será el encargado de vigilar el cumplimiento, con el poder de imponer sanciones civiles, aunque la ley permite a las empresas corregir errores antes de llegar a las multas.




